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La innovación como máxima conceptual

Autor: Mauro Rios/martes, 4 de febrero de 2014/Categorías: blog, Tendencias TIC, Adopción de TIC en MIPYME, Temas de Interés

Cuando algo se pone de moda no hay nada que uno pueda hacer para evitar que los términos se desdibujen, se abusen y se colme la plaza de charlatanes aprovechando la moda.

¿Es la innovación una moda?, claro que no, en los inicios de los 90’s trabajaba yo en la filial de mi país de la multinacional RJR Nabisco, adquirida ya hace varios años por Kraft Foods Group Inc., cuando ya hablábamos de innovación de forma seria. En un proceso muy interesante de certificación ISO, implantación de modelos de calidad total y equipos de trabajo atendiendo todas las áreas y procesos internos, la innovación estaba a flor de piel.

Es así que la innovación está entre nosotros desde hace mucho tiempo, incluso antes de los 90’s donde se tornó un factor determinante en la competitividad de las empresas. ¿Qué ha sucedido hoy?, las tecnologías de la información y la comunicación han disparado las urgencias y la necesidad de incorporar la innovación a las organizaciones, ya no sólo privadas sino públicas, es decir los gobiernos.

Estructuras anquilosadas, lentas, grises y poco imaginativas, siguen funcionando ajenas a los ecos de los 90’s donde fue el momento ideal para escuchar e incorporar los conceptos como innovación. Hoy se trata de e-volucionar o e-xtinguirse, para estar a tono con el uso indiscriminado de la “e-“ en todo lo que tocamos. O innovamos o desaparecemos.

Pero innovar no se trata sólo de procesos de negocio, producción, productividad, productos o servicios, la primera innovación es la mente, el pensamiento, sin esa primera chispa nada de lo demás puede dispararse.

¿Qué es la innovación entonces?. Este es todo un problema, existen más de 30 definiciones consideradas serias en la actualidad, supe tener en mis marcadores de Internet un sitio que compilaba todas ellas, lamento no compartir la URL pues ha desaparecido. Igual veremos algunas a continuación.

En términos duros, innovación proviene de innovar. Es interesante como el término tiene dos acepciones muy opuestas y complementarias, por un lado es “Mudar o alterar algo, introduciendo novedades”, pero por otro lado significa “Volver algo a su anterior estado”. No deja de sorprenderme este último concepto ya que estaremos innovando al implementar una suerte de regresión a nuestros procesos organizacionales, al deshacer las innovaciones a un producto o servicio, etc. Pero claro está que la pre concepción de innovación que a todos ronda la cabeza nada tiene que ver con esto último y mucho con lo primero.

Entonces se nos presenta otro problema, todos tenemos un cliché de innovación, casi me atrevo a decir que más de la mitad de los lectores saben o creen saber lo que es la innovación pero tendrán serias dificultades si deciden escribir una definición o dar una explicación a otros.

En una suerte de libertad literaria, el concepto de innovación fue tomado forma a lo largo de la historia, desde occidente la innovación se asoció al término griego “creare” (crear), en el viejo Egipto el concepto se asoció más a la palabra creatividad a “crescere” (crecer, transformar). Sobre lo que hay plena coincidencia es que una invención no es innovar por la invención misma, sino cuando esta invención cambia los procesos de producción.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define a la innovación como “un proceso iterativo activado por la percepción de una oportunidad proporcionada por un nuevo mercado y/o nuevo servicio y/o avance tecnológico que se puede entregar a través de actividades de definición, diseño, producción, marketing y éxito comercial del invento”.

Por otro lado, en el “Manual de Oslo” (OCDE-EuroStat, 2006) se lee que “una innovación es la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones externas”.

Unas definición muy amplia y que tal vez merece una revisión.

La primera se trata de una definición un tanto compleja pero acertada, tal vez una definición que cuesta utilizar en la práctica de manera clara como herramienta de inducción en las organizaciones innovadoras, pero no deja de ser correcta.

Según Joseph Schumpeter (1911) la innovación es la imposición de una novedad técnica u organizacional en el proceso de producción y no simplemente el correspondiente invento.

Una definición agresiva al hablar de imposición, en términos concretos, una innovación no puede imponerse, las innovaciones son aceptadas o rechazadas, la discusión estará dada si aquellas que son rechazadas son por igual innovaciones pues al no lograr introducirse al cambio que promueven, dejan de tener valor agregado y mucho de la innovación implica precisamente el agregar valor a un proceso, producto o servicio. No obstante una innovación no tiene por qué ser exitosa, puede ser perfectamente un total fracaso.

Veamos más de cerca la innovación. La innovación posee varias dimensiones, sin una de ellas o varias, dejaría de ser innovación. Debe contener un factor novedoso que propicie un cambio (no es lo mismo que “nuevo”), un factor de valor agregado que aporte ventajas y un factor de éxito al ser aceptada e implementada como tal (que no es lo mismo que ser “exitosa” en lo que innova).

Saliendo de los clichés que usualmente se referencias como innovaciones (no les hablaré de la aceituna de la comida a bordo de los aviones, del orificio de la pasta de dientes o de la cadena de producción de Ford), existen innovaciones complejas y que han generado cambios neuronales en materias tan estudiadas como el desarrollo y evaluación de proyectos y programas.

No hay quién no conozca PMBook (PMI), es casi un vicio en las organizaciones creer que “llenarse” de especialistas certificados PMP garantiza el éxito de dichas organizaciones si éstas se basan en proyectos, algo que tarde descubren que no. Pero existen innovaciones al respecto un poco menos conocidas y con una concepción sobre los resultados y los impactos muy innovadores, por ejemplo el Mapeo de Alcances, una metodología con la cual tomé contacto en mi pasaje por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá.

El Mapeo de Alcances es una metodología innovadora para evaluar y medir el impacto que provocan programas e iniciativas de apoyo, financiación y promoción, expresadas en forma de proyectos, actividades o estrategias. Se focaliza en un tipo muy particular de resultado a obtener, más precisamente en los alcances del comportamiento mismo de los involucrados o beneficiarios. Estos alcances, interpretados como cambio en el comportamiento, en las inter-relaciones, las actividades y las acciones desarrolladas por las personas, grupos u organizaciones, todas ellas con las que un programa, un proyecto o una actividad puede trabajar.

En términos casi atrevidos, el Mapeo de Alcance, podríamos decir, se focaliza en el proceso de desarrollo e implementación de un programa o proyecto más que en el objetivo mismo de los resultados, los cuales, si se ha introducido de forma correcta la metodología, no hay dudas que esos resultados serán exitosos.

Un viejo mentor que alguna vez tuve, me decía que más allá del éxito o fracaso de un proyecto, el proceso mismo de su implementación, el valor que agrega a los involucrados y la experiencia y conocimiento introducidos, ya son un éxito y un resultado positivo del proyecto. En otras palabras, él consideraba que no existen los proyectos fracasados.

Tanto el Mapeo de Alcances como estas sabias enseñanzas de mi mentor, son claros ejemplos de innovación entendida como una concatenación de procesos y acciones de manera novedosa, donde la primer innovación ha sido la manera de pensar, de visionar las cosas, más que las cosas mismas.

En este punto de la lectura ya estamos en condiciones de comprender que la palabra “nuevo” no refiere a la condición de recientemente concebido, fabricado o manufacturado, sino a lo novedoso del ser, hacer o utilizar de un tangible, un intangible y hasta de un puramente abstracto. Es decir que nuevo en innovación conlleva una definición distante del invento como tal, algo que ya vimos no es innovación en sí.

Henry Chesbrough, director ejecutivo del Centro de Open Innovation de la Universidad de California-Berkeley y un experto teórico organizacional, mantiene que los modelos monolíticos de Investigación y Desarrollo (I+D) restringen el flujo del capital intelectual de la organización, limitando las oportunidades para convertir en beneficio (el refiere directamente a dinero) dicho flujo de conocimiento.

Chesbrough es uno de los primeros expertos que aboga por una concepción nueva de la innovación, lo que llaman Innovación Abierta. Tal vez más que un cambio de definición, se trata simplemente de una nueva dimensión de la innovación.

En la introducción de la innovación como elemento dinamizador de las organizaciones, tradicionalmente y muchas veces de manera equivocada, se emplea una metodología clásica de apropiación de conocimiento, se articula una estructura organizativa de la innovación rígida y por lo general piramidal. Así, por ejemplo, si queremos innovar en ventas, en desarrollo de software, se fija como objetivo traer o disponer de los mejores expertos trabajando en la organización (o que externalicemos su contratación). Dicho de otra forma, para innovar en desarrollo de software, se cree que deberemos tener los más renombrados expertos trabajando en el Departamento de Informática, en la División de Tecnología o como quieran Uds. llamarle.

En términos simples esto funcionaría con un proceso donde si introducimos más y mejores ideas dentro de la máquina creadora de innovación, el resultado será la mejor innovación o aquella más rentable y aceptada. Traduciendo la generación de nuevos productos y servicios mediante el proceso de concepción de nuevas ideas exitosas.

Para los evangelizadores de la Innovación Abierta, el objetivo es buscar ideas exitosas allá donde éstas radiquen, más allá de ser esta radicación en manos de un experto, un grupo de personas, un individuo operativo de la organización, surgida de una discusión en un blog en Internet, inspiración divida en una ducha matutina del portero de la empresa o un cónclave de expertos de  Silicon Valley al cual le hemos pagado millones por crear ideas exitosas.

Esta concepción de la innovación cobra fuerza en la última década de la mano de la velocidad de desarrollo de las competencias comerciales de las empresas, donde la competitividad, sumado al impacto de las tecnologías de la información y comunicación, hacen hoy que incluso la dirección de una organización privada o pública, difícilmente pueda recaer operativamente en un solo individuo. No existe persona alguna capaz de reunir tanta experiencia, conocimiento tan variado y confluir tantas profesiones, que lo hagan el único tomador de decisiones finales válido de una organización. Algo muy común en PYME u organizaciones piramidales, tristemente también en los esquemas medievales, aún vigentes, de las estructuras públicas de muchos gobiernos.

En esta visión de una innovación abierta, el reto es acceder al conocimiento distribuido y al cual usualmente una organización no recurre sino en términos contractuales para las tareas o responsabilidades para las cuales se han, precisamente, contratado las personas.

Observar, monitorear y extraer, tres cosas que debemos aprender a hacer con eficiencia. Un observatorio de la innovación es el indicado para estas tareas. Observatorio que bien puede ser interno o externo, implementando estrategias de participación, aportes y recolección del conocimiento colectivo.

La innovación abierta va más allá e introduce a la innovación colaborativa entre partners para conseguir esas ideas exitosas que agreguen valor y por supuesto introduzcan mejoras competitivas internas y externas a la organización.

Es decir que la asociatividad es otro aspecto de la innovación abierta, un concepto que las organizaciones por lo general huyen a la hora de volverse competitivas, esto es porque se cree equivocadamente que compartir conocimiento debilita la competitividad y por ende a la organización. En este sentido la innovación abierta no necesariamente implica compartir conocimiento o secretos comerciales, sino en compartir los procesos de elaboración de las ideas, las mejores prácticas o los mejores procesos de generación de productos y servicios innovadores.

Un concepto complementario al tradicional de innovación es el que se denomina innovación de ruptura, o innovación radical. Este concepto se aplica a aquellas innovaciones que provocan un impacto realmente significativo, por lo general no esperado en su total dimensión, y que está por sobre lo novedoso de la innovación misma. Es frecuente que estas innovaciones se presentan en momentos determinados, donde factores por fuera de la innovación misma confluyen en la construcción de un contexto propicio, un escenario apropiado. Se trata de juntar una simple semilla con tierra fértil, para ponerlo en términos claros.

Aunque menos, es claro que las innovaciones de ruptura son también planificadas e implementadas, frecuentemente estas innovaciones de ruptura planificada se concentran en las ciencias, la tecnología, y otras materias motivadoras de cambios significativos de paradigmas.

Como vemos, innovación es mucho más que ser originales a la hora de generar ideas. Va más allá de producir cosas novedades, alcanza tanto lo mundano como lo patricio.

La innovación hoy tiene la perversa particularidad que podemos fácilmente terminar ahogados en ríos de tinta en la red, sobrepasados por discursos facilistas en congresos o convenciones y aun así no saber nada de innovación. Expertos y charlatanes se disputan las ganancias por un tema que es “moda” actualmente. Por este motivo es recomendable tomar precauciones al respecto, partiendo de las certezas en el tema, la correcta información y la palabra sabia de quienes son reconocidos como mentores o referentes en innovación.

Evitando personalizar el conocimiento a recomendar, sugiero comenzar por el llamado “Manual de Oslo” (de la OCDE), 3era edición, publicado en 2006. Lectura mayormente ignorada por quienes se autoproclaman como expertos en innovación. Se trata de la (cito): “Guía para la recogida e interpretación de datos sobre innovación”, un documento esencial para la apropiación de la innovación en toda organización privada o pública. Documento con el respaldo de la Comisión Europea y EuroStat.

http://browse.oecdbookshop.org/oecd/pdfs/free/9205114e.pdf

 

Mauro D. Ríos.-

 

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1 comments on article "La innovación como máxima conceptual"

Rosa López

29/12/2015 11:24

Genética Blonde, es catalogada como pyme,que bueno tenerla oportunidad de conocer proveedores que trabajan con ustedes en este proyecto, para asegurarme y no caer en manos de charlatanes que se aprovechan de la ignorancia de las empresas pequeñas en estos temas de TICs.

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