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Por Guest

"La pesca hace parte de mí"

feb. 10, 2017

Por Mónica Varela, Fundación Clinton

“Soy pescador de nacimiento. Desde muy pequeño y con la ayuda de un tío que ya falleció, fui adquiriendo el conocimiento y la habilidad de la pesca. Aprendí empíricamente”, comenta Edgardo Ramos Ocon, oriundo de Rincón del Mar, un pequeño municipio ubicado en San Onofre, departamento de Sucre, Colombia. 

Entre las tranquilas playas del este lugar en el Caribe colombiano, ha transcurrido la vida de este pescador de 42 años quien vive con su esposa Marleny Julio y es padre de cuatro hijas de 18, 17, 15 y 8 años. Sus días inician de madrugada, “componemos la lancha y salimos a mar abierto a las cinco de la mañana. Llegamos primero a isla Boquerón en donde con la atarraya cogemos las sardinas que serán nuestra carnada. De ahí nos vamos mar adentro donde anclamos y hacemos la pesca del día: Sierra, Jurel, Coginuda, Barracuda, Carito y Medregal. Regresamos a casa pasadas las cuatro de la tarde, entregamos lo que pescamos en nuestro centro de acopio y una pequeña parte, la vendemos en el pueblo”, indica.

Antes de que Edgardo y su grupo de pescadores se convirtieran en proveedores de la empresa Acceso Colombia, apoyada por la Fundación Clinton y el BID/FOMIN, eran varios los tropiezos que tenían, “el desorden de precios era grande, hemos tenido la suerte de contar con el apoyo de la Fundación Clinton y el BID/FOMIN, quienes nos han organizado, nos han brindado asistencia técnica y conocimientos en procesos que anteriormente no teníamos en cuenta, como las buenas prácticas de manufactura, la manera adecuada para refrigerar nuestro producto, las tallas máximas y mínimas adecuadas, cómo generar valor agregado, y otras mejoras que nos han traido beneficios, nos han ahorrado tiempo y como resultado, entregamos un mejor producto”. 

“Es diferente el pescador empírico de hace unos años al de ahora”, comenta Edgardo, quien asegura que los ingresos que reciben en su hogar por la venta de la pesca han sido mejores y más estables desde que comercializa su producto a través de Acceso Colombia, ya que con este aliado comercial han logrado estabilidad. “Nosotros les vendemos a ellos y ellos venden a Carulla, Almacenes Éxito y Olímpica, por ejemplo, además de lo que vendemos directamente a la comunidad. Ahora me siento más seguro con mi familia”, apunta.

“Tenemos ingresos más estables y nos hemos dado a conocer. Lo que queremos ahora es fomentar mediante nuestra Asociación de Pescadores Ambientales y Artesanales de Rincón del Mar, un sueño que anhelamos y que consiste crear un semillero de pescadores para conservar nuestra labor tradicional y trabajar por la preservación del medio ambiente. Queremos concientizar a los turistas sobre los riesgos que tiene la pesca ilegal que es la del trasmayo, la de la dinamita, la que captura pescados de talla menor o langostas pequeñas y explicarles que es por esta razón que se están acabando nuestros recursos marinos”, apunta. 

“Con la pesca nací, con la pesca crecí, y con la pesca he logrado darle educación a mis hijas: las dos mayores en la universidad, una de ellas estudiando Seguridad Industrial, la otra Psicología, y las dos menores en el colegio”, comenta Edgardo quien no duda en sentirse agradecido por las bondades que su propia tierra y mares le han concedido: “Mi pueblo, Rincón del Mar, es un paraíso terrenal y mi sueño es lograr que mis cuatro hijas saquen adelante su profesión, y estoy seguro que gracias a mi trabajo diario, así será”, finaliza.

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